A esa hora de la siesta, casi no había sombras para resguardarse del sol abrasador. Los muchachos se apostaron debajo de las delgadas copas de algunos árboles, cerca de las esquinas, para reunirse hasta que pasara el sopor. Allí estaban cuando vieron llegar desde el oeste, por la avenida principal de Villa 9 de Julio, una caravana de vehículos de Gendarmería.
Más de uno salió corriendo, pero varios se quedaron para presenciar el inédito episodio: los vocales del Tribunal Oral Federal, Gabriel Casas, Carlos Enrique Jiménez Montilla y María Alicia Noli, recorrieron las calles del barrio, y conocieron las casas de algunos de los integrantes del clan Toro.
Según la Policía, la familia conformaba una aceitada organización dedicada a comercializar cocaína en ese barrio y en la Costanera. Incluso, los investigadores afirman que los presuntos narcos obtuvieron un importante patrimonio gracias a la venta de drogas. Varios de los 10 imputados en la causa ya fueron condenados por infringir la Ley de Estupefacientes. Pero recién comenzaron a ser vistos como una mafia en 2006, cuando la Digedrop recibió un llamado anónimo y empezó a seguir de cerca la situación.
El 30 de septiembre de ese año, la Policía allanó la casa de Manuel Arnaldo Toro, conocido como "Maño". En esa vivienda del barrio 11 de Febrero, los oficiales secuestraron "tizas" de cocaína. Allí estaban Julio Antonio Martínez y Javier Armando Aguirre, quienes fueron detenidos. Pero "Maño" logró eludir a la Justicia durante un tiempo.
Durante unos dos años y medio, la pesquisa continuó su rumbo. El 24 de enero de 2009, el juez federal Daniel Bejas ordenó seis allanamientos.
El operativo aún es recordado en Villa 9 de Julio. Los policías se incautaron de 1.080,5 gramos de cocaína; de 39,6 gramos de marihuana; de unos $60.000, de armas, de vehículos, y de otros bienes. Fueron arrestados los hermanos Manuel, Martín Justino, Ana Verónica y Margarita Toro. También los sobrinos de esta, Jorge Walter Sandoval, Juan Enrique Díaz, Verónica Paola Toro y Joana Toro (quien falleció durante la investigación). Además, fueron apresados Marta Rosario Ligerón (concubina de Martín), Martínez (pareja de Paola) y Aguirre.
La hipótesis
El comisario Miguel Francisco Juárez es subdirector de la Digedrop, y participó activamente en la pesquisa contra los Toro. El elaboró un detallado informe -leído ayer por Manuel Pedernera, defensor de Martín Toro- sobre cómo operaba supuestamente el clan. El policía indicó que traían la cocaína en cápsulas desde el norte del país, y que Manuel Toro se encargaba de "cocinarla" y de custodiarla de "mexicaneadas". "Maño", según Juárez, también comandaba el la venta en la zona de 11 de Febrero; Margarita, en Matadero. A su vez, dijo, Ana Verónica se encargaba de manejar a los pequeños dealers (distribuidores). Hugo Daniel "El Rengo Ordóñez" Teves, asesinado a balazos el año pasado, tenía a su cargo la Costanera.
Incluso, detalló que tenían "matones" y otros ayudantes. "Usted está hablando de una organización. ¿De dónde sacó estos datos?", le preguntó Pedernera al testigo. "Son aportes que hizo la gente; pero nadie dio su nombre por miedo", aclaró Juárez, quien admitió que no había filmaciones ni fotografías que sustentaran la hipótesis.
Medida inesperada
Antes de que se interrogara a Juárez, Pedernera le pidió al tribunal que se realizara una inspección ocular en las propiedades de Martín Toro y de su pareja. "Queremos que se nos explique por qué se demoraron tantas horas en encontrar un bagullo de pocos gramos de marihuana", argumentó el letrado. Los jueces accedieron.
Decenas de gendarmes acompañaron a los magistrados en su recorrido por barrio Matadero. También estaban el fiscal de Cámara, Leopoldo Peralta Palma; el secretario del tribunal, Hugo César del Sueldo Padilla; los defensores Pedernera y Ricardo Fanlo; y dos de los protagonistas principales, Ligerón y Martín Toro.
Primero fueron a la vivienda que la pareja tiene en un pasaje del vecindario. Luego, a una propiedad donde, al frente, funciona un ciber y, detrás, en un imponente galpón, un club para riñas de gallos. Entre las jaulas y la arena central, el dueño de la morada les explicó a los vocales que allí también guardaba madera que vendía y explotaba otros comercios. "Y aquí venían muchas personas a ver las riñas. También jueces y abogados", dijo el acusado sonriendo.
Después, los miembros del tribunal fueron hasta la famosa casa de Margarita Toro y, finalmente, a la de su hermana, Ana Verónica. A estas últimas no entraron. Desde la vereda, con detenimiento, observaron las fachadas de mosaicos coloridos y los balcones de madera. Muy poco tenían que ver con las demás viviendas de la zona.